El año pasado en Francia, en plena campaña electoral presidencial, François Bayrou del partido MODEM (Mouvement Démocratique) lanzó el tema del “consumir francés”. Lo hizo indignado por las deslocalizaciones de las empresas francesas que se vienen yendo desde hace décadas a países donde el costo del trabajo es mucho más barato que en Francia. Algunos de esos países son Bulgaria, Polonia, Rumanía, Turquía, Marruecos, Túnez, Bangladesh, Taiwan y, por supuesto, la fábrica del mundo, China. Comprar productos nacionales y productos hechos en el país (aunque sean productos de empresas extranjeras) podría ayudar a fortalecer la economía del país.

Dicen los expertos en economía que el proteccionismo es intolerable y va en contra de la libre competencia, una de las bases del libre mercado. Si se respetan varias condiciones (cinco, más precisamente), se supone que la competencia “pura y perfecta”, libre de proteccionismo y de intervencionismo, permite el equilibrio de los mercados, evitando su colapso. Esta doctrina, que fue creada por los economistas clásicos, es ahora puramente neo liberal. Sin embargo, ni siquiera uno de los países más neo liberales del mundo, Estados Unidos, la respeta. En efecto, EEUU es abiertamente proteccionista; controla todo lo que entra y sale de su territorio, pone aranceles a los productos foráneos cuando le conviene y subvenciona sus productos nacionales. Ejemplo de ello son los tratados de libre comercio que EEUU ha firmado con varios países de América Latina. ¿Cómo se explica que a Colombia y a México llegue maíz o pollo más barato que el que se produce en dichos países? En gran parte es por las subvenciones, cuyos beneficiarios son los campesinos de países del norte, los cuales tienen un PIB y un PNB más elevado que los países en vías de desarrollo.

Volviendo a Francia, país que tiene un gran sistema social que están tratando de desmantelar para ponerlo al nivel del los sistemas anglosajones, cuando un obrero pierde su trabajo es indemnizado y recibe un seguro de desempleo por un tiempo dado (según las condiciones de su último contrato). Así, por ejemplo, si una fábrica de ropa interior o de llantas cierra por una deslocalización en un país más barato, muchos de los asalariados pierden su trabajo pero son indemnizados y reciben su seguro de desempleo. También se les ofrece, si existe la posibilidad, una reconversión profesional que se hace mediante formaciones y acompañamiento de organismos estatales. A pesar de todo eso, muchos asalariados, sobre todo obreros, no encuentran trabajo y se convierten definitivamente en desempleados. Esto causa dramas sociales enormes ya que, por lo general, muchos aún tienen hijos pequeños y deudas. Es en estos casos, como lo estamos viendo con la crisis actual en Europa, que el sistema social francés se pone a prueba puesto que en los periodos críticos es cuando más se necesita la solidaridad nacional y estatal para pagar formaciones, indemnizaciones, educación, etc. Si no existiera ese sistema social, creado en los años 30, el colapso en Francia sería total y estarían las calles llenas de indigentes.

Pero, ¿qué pasa en Colombia cuando una empresa nacional o extranjera decide irse a China y cerrar las fábricas en nuestro territorio?

La semana pasada hubo una protesta en Medellín por las importaciones de zapatos hechos en China y vendidos en el mercado colombiano. Según dicen, cada vez hay más de estos zapatos en nuestro país. Eso está generando la bancarrota de decenas de empresas del sector. Y lo mismo está pasando en otros sectores. Hace unas semanas conocí a una chica que trabaja importando telas, quien me dijo que muchas empresas colombianas (Tenis, por ejemplo) ya están produciendo gran parte de sus productos en China. Incluso en el Exito ya es normal encontrar textiles y derivados chinos. También me di cuenta del mismo fenómeno en Totto. Maletas hechas en China y vendidas a precios exorbitantes (50, 80, 100, 180, 350 mil pesos…). Esto demuestra que los costos de producción bajan pero no los precios que paga en consumidor final. Conclusión de esto: más ganancias para los accionistas de las empresas mientras el desempleo aumenta. 

La pregunta es: ¿cómo hacen los obreros colombianos para aguantar el golpe de un despido por causas económicas (entiéndase, deslocalización) si aquí no hay ninguna ayuda cuando se pierde el empleo y prácticamente todos los servicios básicos están privatizados (sobre todo la educación y la salud)?

Como ciudadanos podemos decirnos que una forma de ayudar a nuestro país es el "nacionalismo industrial". Los colombianos somos regionalistas y muy nacionalistas. Eso para nadie es un secreto. Entonces, ¿por qué no “comprar colombiano”? Los que puedan y QUERAN deberían hacerlo. Digo los que puedan porque, como dicen las teorías económicas, los “agentes” (nosotros, seres humanos) somos racionales y siempre vamos a inclinarnos por las opciones que más nos convengan, que más nos beneficien. Así pues, en un país donde la gente gana tan poco y está tan desprotegida, no se le puede pedir que compre colombiano si los zapatos chinos son tres veces más baratos (aunque dejen de servir tres veces más rápido que los colombianos…).

Nota en Teleantioquia sobre el tema:
http://www.hora13noticias.tv/index.php/economicas/item/productores-de-calzado-de-medellin-marcharan-manana-en-protesta-por-invasion-del-mercado-con-zapatos-chinos


Fuentes:
http://www.techno-science.net/?onglet=glossaire&definition=801
https://fr.wikipedia.org/wiki/Concurrence_pure_et_parfaite
 





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